X Cerrar


Presentación de «El desarrollo de la tradición del Nacimiento» de J. S. Spong

Domingo Melero (1)

 

1.- Pequeña crónica de nuestra decisión editorial. 2.- Sobre los libros de Spong y las razones de su desconocimiento. 3.- Breve noticia biográfica de John Shelby Spong, Obispo de Newark.

 

1. Pequeña crónica de nuestra decisión editorial

A mediados de enero de 1999, para pensar un poco (aunque con retraso) en las cosas de Jesús a raíz de la Navidad, comencé a leer el libro del obispo episcopaliano (o sea, de la iglesia anglicana americana) John Shelby Spong, Jesús, hijo de mujer (2). Me lo había regalado, hacía tres años, Miguel Suñol, un buen amigo que, entre otras cosas, es aficionado a leer y estudiar acerca del primer siglo del cristianismo. No lo empecé antes porque, como es sabido, los libros, y también las revistas, tienen su momento. El caso es que el libro me interesó, me apasionó incluso, y lo leí en pocos días de un tirón. Y no sólo eso sino que busqué más títulos de este autor e indagué sobre quién era este obispo, impensable en nuestros pagos, que escribía de forma sincera y personal sobre cuestiones interpretativas del Nuevo Testamento que afectaban enseguida a la doctrina.

Al acabarlo de leer, se lo pasé a Francisco Cuervo que, en el hospital, también lo cogió con afición. Cuando lo terminó, coincidió conmigo en que Spong tenía una forma libre y honesta de indagar sobre Jesús queriéndose el tema, y en que, además, dado nuestro contexto, era notable que un obispo escribiese con la sinceridad que él lo hacía.

Por eso, de forma natural, vinimos a pensar en ofrecer, en este Cuaderno de noviembre, algunas páginas de Spong así como alguna información sobre el autor. Por otra parte, nunca habíamos propuesto aún un texto de base exegética en los Cuadernos y, después de la edición de Reflexión sobre el pasado y el porvenir del cristianismo, era un buen momento para hacerlo.

¿Qué páginas escoger? Mirando de compaginar brevedad e interés, pensamos, primero, en un fragmento de este mismo libro sobre María Magdalena y en otro acerca de José, dos personajes importantes en la vida de Jesús pero de escasa mención en los Evangelios. Escasa mención cuya razón estriba en la forma habitual de concebir a Dios en relación con el hombre y, en consecuencia, de concebir la condición divina de Jesús en el cristianismo; concepción afín al docetismo, para el que la afirmación de lo divino comporta la negación de lo humano. Según esta idea o representación, tanto María Magdalena como José, así su relación con Jesús, era lógico que se relegasen a la sombra pues ocupaban un espacio que se restaba a Dios. ¿Acaso la elección de Dios no la resaltaba muchas veces, en el AT, una carencia humana, como la esterilidad de la madre o la humildad del origen o alguna deficiencia en el elegido?

También pensamos en publicar, de otro libro suyo, La Resurrección, ¿mito o realidad?, unas páginas sobre Pedro, otra figura cercana a Jesús en torno a la cual Spong centra gran parte de su hipótesis acerca de lo que, según él, debió de ser la experiencia de la Resurrección. ¿No decía Légaut que, para entrever lo que fue Jesús, lo mejor era reflexionar sobre la impresión  de su huella en sus discípulos y en sus más allegados, cuyas vidas, por la fe, se transformaron?

Barajar y comentar estas estas posibilidades fue ya cosa, sin embargo, de los dos últimos meses de la vida de Francisco y él ya no tenía un átomo de energía extra que dedicar a estos proyectos que, sin embargo, apoyaba. Debía atender a su enfermedad y a los suyos. Sólo después, hemos optado, dado que nos acercamos de nuevo a la Navidad, por volver al primer libro, Jesús, hijo de mujer, y pero no editar las páginas sobre José o sobre María Magdalena sino sus capítulos III y V. La razón es que en ellos Spong explica muy bien cómo sitúa los relatos sobre el Nacimiento, que sólo se encuentran en Mateo y en Lucas, dentro del tiempo, es decir, en los años en que paulatinamente se fueron sucediendo los textos que luego formarían la primera Biblioteca específicamente cristiana a la que normalmente llamamos Nuevo Testamento (3). Spong lee no por el orden de su edición normal (primero Mateo, etcétera) sino por el de su redacción, es decir, de menor a mayor distancia respecto de los hechos, y de ahí parten sus reflexiones.

2.- Los libros de J.S. Spong y las razones de su desconocimiento

En cuanto a los libros de Spong y a su desconocimiento en España, hay dos datos que dan que pensar. El primero es que, en inglés, están actualmente en circulación, y con éxito, ocho títulos suyos (4), mientras que, en cambio, ninguno está editado en francés, alemán o italiano. El segundo dato es que, en español, los dos publicados (Jesús, hijo de mujer, en 1993 y el de La resurrección..., en 1996) están ya descatalogados al cabo de seis y de tres años de haber sido publicados.

La explicación de que no estén publicados ni en francés ni en italiano ni en alemán es, probablemente, la realidad de las barreras idiomáticas, que forman mundos culturales bastante impermeables, realidad que se acentúa con las barreras confesionales. Y la explicación de que no se encuentren ya los dos títulos traducidos al castellano es que no se habrán vendido lo suficiente, lo cual es probable que se deba, además del desconocimiento del autor, a que estos libros no encontraron su sitio entre las editoriales existentes y por eso no llegaronn a sus lectores potenciales.

Spong, en efecto, no se editó dentro del circuito de las editoriales católicas, ni tampoco en alguna de las editoriales no confesionales que editan textos religiosos en sus colecciones. Una explicación de esto podría ser que, por las barreras que decíamos, no sea conocido, lo cual, sin embargo, es extraño porque Spong es un autor muy vendido en su área idomática y los que lo elogian en ella (Harvey Cox, Karen Armstrong, Paul Davies o Clarissa Pinkola Estés) sí que se han publicado en castellano.

Otra explicación sería que se conociese y que, sin embargo, se hubiese descartado tanto por razones comerciales como de valoración. Veamos. Spong, en primer lugar, no es un estudioso académico, no es un profesor universitario de prestigio. De haberlo sido, esto hubiera posibilitado su edición tanto por las editoriales católicas como por las editoriales no confesionales. El nihil obstat eclesiástico, al que las primeras están tácitamente sometidas, o el relativamente reducido número de lectores del ámbito especializado no hubieran sido un obstáculo insalvable.

En segundo lugar, Spong tampoco es un maestro con un perfil idóneo para expectativas religiosas independientes o al margen de las iglesias. Spong es un «jefe religioso» (como diría Légaut), de una iglesia cristiana numéricamente poco relevante en España, lo cual complica la decisión de editarlo, ya de por sí complicada por ser un jerarca que, paradójicamente, se define a sí mismo como un «creyente en exilio» respecto de las formas dogmáticas y morales actuales del cristianismo (5).

Spong se publicó en una colección especializada en títulos reveladores de grandes temas ocultados por el cristianismo oficial. Ahí debió de defraudar porque no era de este tipo y no era su sitio (6). El resultado ha sido que sus dos libros no han llegado, como hubieran merecido, a sus posibles lectores, que, sin duda, los hubieran agradecido, no, por supuesto, aceptándolos a pies juntillas al completo, sino pensando, a partir de ellos, con la libertad que transmiten.

¿A qué tipo de lectores me refiero que hubieran podido y debido llegar? No, desde luego, a los críticos sistemáticos del cristianismo pero sí a los «cristianos abiertos» (como él los llama) o a los postcristianos con algún tipo de inquietud. Unos y otros no pueden admitir, por honestidad intelectual, seguir prestando la adhesión que se les pide a las doctrinas morales y dogmática convencionales. Unos y otros forman parte de la gran mayoría silenciosa de los «creyentes en exilio» o de los «ex-alumnos del cristianismo» que, sin duda, se volverían a interesar en él si se les propusiera de un modo que no supusiera una «lobotomía intelectual». A esta mayoría es a la que quisiéramos que llegara la noticia de que existe un autor como Spong.

3.- Breve noticia biográfica de J. S. Spong, Obispo de Newark

John Shelby Spong nació en junio de 1931, de manera que tiene actualmente 81 años (7). Desde 1976, fue obispo de Newark (New Jersey) y se jubiló en febrero de 2001. Nació en Charlotte (Carolina del Norte), en el seno de una familia de clase media. Su padre murió alcoholizado cuando él tenía 12 años y su familia conoció entonces la estrechez económica. Spong recuerda la Biblia que le regaló su madre y asegura que, desde entonces, la lectura y estudio de este “Libro de libros” ha sido central para él. Joven monaguillo en su parroquia, recibió una fuerte influencia del pastor Robert Crandall. La influencia de Crandall está en el origen consciente de la llamada de Spong al sacerdocio, así como en la de su hermano.

Cuando, ya en la Universidad, escuchó por primera vez a profesores ateos que criticaban la Biblia (criticaban la lectura fundamentalista de la misma, la única públicamente vigente entonces), Spong sintió que se agrietaba la tierra bajo sus pies y se refugió en la autoridad de la tradición, autoridad que la Iglesia episcopaliana (como la católica) valora con el mismo rango que la Escritura. Este marco, pese a su rigidez, le permitió un plazo largo y estable, de años, en el que fue madurando su postura adulta como creyente. Spong reconoce haber atravesado una crisis de fe de veinte años desde el fundamentalismo y literalismo bíblico, y luego eclesiástico, de su infancia y juventud hasta una revisión de la figura de Jesús en la que alcanzó una libertad suficiente.

Carolina del Norte es un estado sudista y, en el sur de aquellos años, incluso los blancos de buena voluntad no tenían ningún contacto con los negros. La barrera de color era algo tan sólido como la Gran Muralla China, según él mismo dice. En 1955 (no antes) y en Montgomery, en el Estado vecino de Alabama, Rosa Parks (fallecida precisamente este año de 1999) se negó a ceder su sitio en el autobús a un blanco y reivindicó así su igualdad, por lo que fue detenida y procesada. Sólo después, un juez (blanco), Frank Johnson, la declaró inocente y dictaminó, por primera vez, que era ilegal e inconstitucional aquella extendida costumbre segregacio­nista en los autobuses.

Todo esto levantó un gran escándalo y suscitó un debate nacional. La acción de Rosa Parks fue la chispa que desencadenó la lucha de la desobediencia activa por los Derechos Civiles en la que destacó el pastor baptista Martin Luther King. Aquel año de 1955, M. L. King, con veintiséis años, lideró el primer boicot a los autobuses, que duró 381 días y que secundaron 50.000 negros de Montgomery. M. L. King, trece años después, a los treinta y ocho años, moría asesinado por un segregacionista en un hotel de Memphis.

John S. Spong, en 1955, tenía 24 años, había cursado sus estudios en la Universidad y se había casado, con su compañera Joan Ketner, sin cumplir la regla anglicana de que el matrimonio sea posterior a la finalización de los estudios teológicos. En los años siguientes, les nacen tres hijas, por lo que Joan deja de trabajar. En este año de 1955, Spong se ordena de diácono y de presbítero y comienza su actividad ministerial. Desde 1957, se compromete activamente en la lucha por los Derechos Civiles y encabeza varias manifestaciones en defensa de la integración de la gente de color en las escuelas.

Además, tanto con gente trabajadora como universitaria, forma grupos de estudio de la Escritura en su parroquia, sobre todo los sábados. Téngase en cuenta que, en su medio, el fundamentalismo bíblico justificaba la segregación racial con citas del A. T. Spong presentaba un cristianismo que era profundamente inclusivo, que no excluía a ninguna minoría puesto que las diferencias no justifican la desigualdad; y un cristianismo que no tenía porqué entrar en conflicto con los conocimientos científicos por más que éstos desmonten las cosmovisiones habitualmente adheridas a la fe (recuérdese el rechazo, todavía hoy, de las teorías de Darwin en las escuelas de algunos Estados de USA por motivos religiosos).

Al parecer, sus círculos de estudio, convocados a horas tempranas o tardías, o en días festivos, de manera que pedían esfuerzo, siempre han tenido poder de convocatoria en las parroquias por donde Spong ha ido pasando. Nuestro autor, entonces, y aún ahora, se presenta no como quien administra respuestas sino como un buscador más que también está en camino y que es el primero en plantearse preguntas.

En 1963, el obispo anglicano John A. T. Robinson (al que Spong conocerá personalmente en 1973 y al que frecuentará hasta su muerte en 1983) publica Honest to God. Spong reconoce que «inspirado por J. A. T. Robinson, inicié mis primeros tanteos en busca de un nuevo punto de partida».

... descubrí –reconoce acertadamente– que la acción social podía ser un camino fácil para escapar del debate interior de la duda teológica. En efecto, mis más profundas y honestas convicciones podían expresarse políticamente con más facilidad que teológicamente. Me sorprendió admitir este hecho pero era verdad. Inmerso en esta espesura interior leí, por primera vez, Honest to God de John A. T. Robinson. Fue durante las vacaciones (...). A causa de mi snobismo intelectual de aquel tiempo, no lo había considerado antes un gran libro. El pensamiento que presentaba no era especialmente nuevo. Citaba a Tillich, Bultmann y Bonhöeffer, a los que yo ya había leído. Pero, a medida que lo leía, me iba dando cuenta de que este libro reunía muchas de mis propias dudas y preguntas y “dejaba salir el gato del saco”. En adelante, el papel de párroco creyente iba a ser imposible con la misma certeza. Las palabras y frases que me habían parecido significativas se tornaron clichés inaceptables, que no podía seguir usando. Estoy seguro de que leí el libro tres veces antes de cerrarlo. Robinson me dio el coraje para atreverme a sondear y a cuestionar abiertamente. Nunca he vuelto a ser el mismo desde entonces. Me vi conducido hasta mis raíces y obligado a pensar otra vez todo lo que creía, cómo adoraba y si podía o no orar. Todo esto continuó en mi interior mientras seguía predicando cada semana, dirigiendo la adoración, enterrando a los muertos, aconsejando a los que tenían problemas e intentando mantener mi vida sin que se rompiese en mil pedazos.

En aquel tiempo, me trasladé a una iglesia mayor en el centro de Virginia (...) Allí empecé una clase de una hora de Biblia, las mañanas de los domingos, antes del culto. Determiné que, por encima de todo, en aquella clase, sería honesto en mi búsqueda de la verdad y seguiría cualquier camino al que esta búsqueda me llevase. La clase llegó a ser un lugar de conversación en comunidad. Se la calificó de erudita, radical, iconoclasta y otros adjetivos que no me atrevo a repetir. Los fundamentalistas se fueron a congregaciones más resguardadas, pero los que dudaban comenzaron a regresar a la iglesia. La clase era tan concurrida que mis críticos no se atrevían a impugnarla abiertamente. Recuerdo que, cuando hice una sesión especial sobre la concepción y el nacimiento virginal, había un público apretado, de pie, en una única sala, que incluía a miembros de la prensa... (8) 

En 1969 le habían llamado, en efecto, para ser rector en una parroquia de Richmond, Virginia, y, con treinta y ocho años, le empiezan a elegir para  cargos importantes de la diócesis, como consejero y diputado en la Convención General. Por otra parte, siguiendo su estudio de las Escrituras, comprende que, al tiempo que se deja el literalismo (premoderno) y que se emprende la búsqueda sin prejuicios sobre qué es lo que realmente sucedió y lo que no (búsqueda histórica, típicamente occidental), importa leer los textos con una mirada y una perspectiva judía: sólo así se puede captar el “sentido” que transmiten.

En estas circunstancias, a raíz de una conversación en un almuerzo con un amigo, comprendí que había llegado el momento, para mí, o de atrincherarme o de enfrentarme con algunos problemas muy serios. Así que dediqué aquel año a una exploración del punto central de mi fe: ¿quién es Jesús de Nazaret? Para ello, estaba convencido de que debía ver a Jesús en su contexto hebreo. Entré en este tema con miedo puesto que no estaba totalmente seguro del resultado. Sin embargo, la búsqueda se saldó con una recompensa inconmensurable. No soy un teólogo sistemático y serlo no es mi meta. Lo que deseo es iluminar, desde diferentes ángulos, esta figura que se encuentra en el centro del Cristianismo (...) Estaba preparado para rechazar cualquier cosa que no pudiera traducir al lenguaje de mi mundo secular. Convertí a Lucas en mi primer maestro... (9)

Fruto de este tiempo de búsqueda fue el librito de 1973, This Hebrew Lord, cuyo título intrigó a un rabino de la ciudad. Éste lo invitó a hablar en la Sinagoga algunos sábados. Luego, Spong invitó al rabino a la Iglesia algunos domingos. La gente se interesó y la cosa trascendió y llegó a la radio y al periódico local que, sacando fuera de contexto sus frases, puso en titulares que el rector Spong negaba la divinidad de Jesús, con lo que el tema saltó a la televisión (10). Fue la primera vez que Spong se vio envuelto, como protagonista, en una controversia pública. De aquellos encuentros salió un segundo libro, Dialogue: In search of Jewish–Christian Understanding (11). Por otra parte, eran tiempos movidos para la Iglesia Episcopaliana pues, en algunas diócesis, se ordenó a las primeras mujeres, lo cual implicó una ardua controversia interna en la que Spong también se significó. El Presidente de la Asamblea de obispos era el Reverendo John Hines, al que Spong considera el mentor y consejero principal de su trayectoria.

Spong, como obispo y como escritor, se reconoce en deuda con cuatro mentores. Ya hemos mencionado a Hines y a Robinson. Los otros dos son Desmond Tutu y Michel Goulder. Desmond Tutu fue ordenado obispo un poco después que él y ambos se han invitado a sus respectivas diócesis y han coincidido en sus posturas en la Asamblea de obispos. Michel Goulder es el estudioso de NT que más le ha ayudado a mirar los Evangelios desde un punto de vista hebreo. Es emocionante cómo el obispo Spong agradece a Michel Goulder, un investigador no creyente («ateo no agresivo», como él mismo se define), cuánto le ha ayudado a descubrir una comprensión hebrea de la formación de los Evangelios y, en este sentido, cuánto ha ayudado a su fe. Como contrapartida, Spong desearía que sus propios libros, más divulgativos, contribuyesen a que la aportación de Goulder fuese más conocida y aceptada porque cree que, si actualmente es desconocido, pese a haber sido hasta su jubilación profesor en la Universidad de Birmingham, es, en gran parte, porque dejó el sacerdocio y la fe, lo cual conlleva sufrir un importante vacío. Además, Spong desearía (tal como lo expresa con todo respeto y aprecio) que su propia manera de concebir el ministerio y la fe animase a Goulder a no sentirse tan distante de éstos e, incluso, a volver a ellos (12).

En 1976, después de haber rechazado durante tres años otras propuestas, Spong aceptó ser obispo coadjutor de Newark y, a los dos años, fue elegido obispo titular. Sus nuevos feligreses sabían, al elegirlo, que era un defensor de los "derechos civiles" y de la ordenación de las mujeres, y que llegaba decidido a trabajar por la justicia social y económica (mejoras en la atención sanitaria, igualdad de acceso a los estudios superiores) así como a continuar su ministerio pastoral, contrario a la «doble verdad». En los veinticinco años que siguieron, ni él ni la diócesis de Newark fueron las mismas.

Un drama privado, sin embargo, acontece en la vida de los Spong. Desde 1973, su mujer, Joan, comienza a entrar en profundas crisis de tipo psiquiátrico y Spong tiene que sostener la vida familiar: cuidar a su mujer y seguir la educación de sus tres hijas. Diez años después, su mujer empieza a padecer un cáncer pero ella rehúsa todo tratamiento, hasta fallecer en 1988.

En 1982, La General Convention (Asamblea diocesana) de Newark decide comenzar un estudio sobre «los modelos cambiantes de vida familiar y sexual». El Obispo Spong pone en marcha, en 1985, un grupo de trabajo especializado y representativo para estudiar el tema a partir de tres puntos: el aumento de jóvenes que viven juntos antes y al margen del matrimonio, el aumento de gente mayor que decide lo mismo por diversas razones (entre ellas las económicas, como, por ejemplo, mantener sus pensiones), y la cuestión de si los hombres y mujeres que viven relaciones homosexuales estables pueden ser «llamados a participar del deseo de la iglesia de consagrar las relaciones humanas».

Cuando el Informe se hace público, tras tres años de trabajo, y llega a los medios de comunicación (que, como era de prever, resaltan, fuera de contexto, lo más llamativo), los conservadores se rasgan las vestiduras y estalla una nueva tormenta nacional, sobre todo por la aceptación del matrimonio entre homosexuales. Ante esta situación, al cabo de un año, o sea, en 1988, el obispo Spong publica sus propias reflexiones en un libro: Living in Sin? (¿Vivir en pecado?). El libro comienza así: «Algunos verán este libro como un libro sobre el sexo. Yo lo considero un libro sobre los prejuicios...». De nuevo Spong trabaja a favor de una iglesia «incluyente», según el espíritu, nada puritano, de Jesús. Tanto la fuerte oposición de muchos como el apoyo de muchos otros, a los que les vuelve a interesar el cristianismo gracias a su actitud sincera, lo llevan a escribir, en 1989, Rescuing the Bible from Fundamentalism (Liberar la Biblia del fundamentalismo). Ambos libros se convierten en éxitos de ventas. Más incluso el segundo. Después, Spong publica: Nacido de mujer (1992), La resurrección, ¿mito o realidad? (1994), Liberar los evangelios (leer la Biblia con una mirada judía) (1996), ¿Por qué el cristianismo debe cambiar o morirá? (1998), La voz de un obispo (selección de ensayos, 1979-1999), etcétera. Una vez retirado, acepta dar conferencias y cursos por todo su país y por muchos países de habla inglesa, y empieza, además de seguir publicando, su época como columnista en internet (13).

Entre tanto, al cabo de dos años de perder a su mujer, Spong se vuelve a casar, en 1990, con Christine Mary. En otro orden de cosas, surge una nueva controversia dentro de la Iglesia Episcopaliana a raíz de la ordenación de algún sacerdote que reconoce públicamente su condición homosexual. Spong no evita intervenir en esta cuestión y otras igualmente controvertidas (aborto, eutanasia) en las que busca un planteo matizado y abierto, igual que cuando participa en mesas redondas con científicos (Paul Davies, Carl Sagan) o filósofos ateos (A. Flew). Ellen Barrett concluye su segundo artículo diciendo que, al obispo Spong, se le puede aplicar la vieja máxima que define la esencia del ministerio cristiano: «confortar al afligido y afligir al acomodado» (14).

Para terminar, citaremos algunos párrafos de Spong donde formula el sentido de su actividad, contraria a la «doble verdad» que practican la mayoría de los eclesiásticos: éstos, por un lado, están al corriente de los conocimientos eruditos y universitarios sobre la Biblia, y los admiten en privado, pero, por otro lado, no se deciden a transmitirlos a los creyentes en su actividad pastoral (predicación, liturgia).

Los cristianos, que por lo general no están al corriente del estado actual de las investigaciones, parecen creer que, una de dos, o deben ser literalistas bíblicos o deben sostener que la Biblia no contiene nada de valor para ellos. Estoy convencido de que hay otra alternativa; de que la inteligencia no tiene que estar ausente de la vida de la iglesia; de que podemos adorar a Dios con nuestras mentes; e incluso de que la ignorancia no es con el discipulado. Mi deseo es hacer que esta alternativa esté disponible para todos. Quiero que los debates teológicos, que son habituales entre los investigadores, estén a disposición de las personas corrientes que van a la iglesia. Expreso tanto mi agradecimiento como mi gratitud al clero y a la gente de la Iglesia Episcopaliana de la Diócesis de Newark por la oportunidad que me han brindado de servirles como su obispo. Esta comunidad de fe ha inspirado, casi diariamente, mi vocación como un obispo que se atreve a tomar en serio su función de enseñar de forma instruida (15).

Hace tiempo que decidí que no podía seguir sacrificando la investigación y la verdad para proteger a los débiles y religiosamente inseguros. Veo otra gente a la que la iglesia parece ignorar. Una gente, compuesta por hombres y mujeres formados, que sólo encuentra en la Iglesia: un dios demasiado pequeño para ser el Dios de la vida, un conocimiento demasiado restringido para ser convincente, y una superstición demasiado evidente como para llegar a aceptarla seriamente.

Mis hijas, ahora ya mayores, formaron parte de esta gente. Desearía que encontraran en la Iglesia cristiana un Evangelio que se tomara en serio el mundo en que viven, que no tratara de atarles las mentes de ninguna forma, ni antigua ni premoderna, que no temiera examinar las verdades emergentes, procedentes de cualquier fuente, ya sea del mundo de la ciencia o del propio ámbito de la erudición bíblica. Desearía que la Iglesia proclamara un Evangelio que tuviera poder contemporáneo, y que adorara a un Dios que no necesitara ser protegido mediante el expediente de ocultarlo tras una postura antiintelectual por temor a que la nueva verdad destruya la fe y la devoción que Le debemos.

Espero que este libro ilumine las mentes y los corazones de quienes aún encuentran su hogar espiritual en la Iglesia. Conozco a miles de personas que permanecen en el seno de la Iglesia por costumbre o por esperanza, pero lo hacen a costa de desconectar sus mentes. Más allá de estos lectores, sin embargo, espero que este libro invite también, a los que son miembros de los que podríamos denominar la «asociación de antiguos alumnos de la Iglesia», a echar un nuevo vistazo, a invertir de nuevo sus vidas en esta institución que contiene en sí capacidad para desafiar sus propios supuestos y estereotipos, para renovar su propia vida y para modificar su comprensión teológica tanto de Dios como de la verdad cuando surgen nuevas ocasiones que nos enseñan nuevos deberes.

Finalmente, espero que este libro anime a los cristianos de todas las confesiones a tomarse la Biblia en serio, a estudiarla en profundidad, a comprometerse de forma relevante con su verdad. Me he pasado más de la cuarenta años dedicando cada día algo de tiempo al estudio de las Escrituras. Es un libro que jamás dejará de asombrarme, pues siempre parece llamarme a descubrir nuevos y excitantes tesoros en pasajes que he debido de leer cientos de veces y que, sin embargo, no había podido comprender. La única decisión que ha afectado de forma llamativa mi vida como sacerdote y como obispo ha sido mi compromiso de estudiar este libro cada día.

Los cristianos fundamentalistas distorsionan la Biblia al tomársela literalmente. Los cristianos liberales también la distorsionan al no tomársela en serio. Si mis años de sacerdocio han ejercido algún poder e influencia sobre la vida de la Iglesia, se habrá debido, fundamentalmente, a que, como liberal, he dedicado mi energía intelectual al estudio de las Escrituras. El dato biográfico más notable de mi itinerario espiritual consistió en que, aun cuando dejé de ser fundamentalista, no dejé por ello de amar la Biblia, que continúa siendo el objeto fundamental de mi estudio. En consecuencia, soy un fenómeno extraño, al menos en los medios cristianos de Estados Unidos. Se me conoce como un teólogo liberal. Y, sin embargo, me atrevo a considerarme como un creyente, como un cristiano que se basa en las Escrituras. Para muchos, tal combinación es una contradicción  intrínseca.

En mi opinión, resulta escandaloso el hecho de que haya ideas que sean habituales entre los investigadores bíblicos de nuestro mundo y que, sin embargo, sigan siendo desconocidas para el común de los fieles de cualquier iglesia o sinagoga. Este estado de cosas no puede sino hacer pensar en el temor de la jerarquía a que los fieles pierdan su fe en caso de que se difundan ampliamente estos conocimientos. Los obispos y sacerdotes conservadores se contentan con afirmar que la erudición bíblica es una ciencia inexacta, siempre cambiante, en la que no se puede confiar para encontrar respuestas definitivas. En consecuencia, argumentan que debemos confiar en la autoridad docente e histórica de la Iglesia. Se trata de un argumento sumamente débil y casi patético. (...) En medio de los cambios y discusiones que se dan en el mundo de la erudición sobre el N.T., hay un consenso que no puede negarse. Las historias sobre la natividad de Jesús, por ejemplo, no son literales, no son biográficas ni contienen información biológica sobre los individuos que intervienen. Se crearon a partir del proceso interpretativo del midrash. Se las adscribió a acontecimientos externos que sólo pudieron ser recordados con bastante imprecisión. Atestiguan la fe de la comunidad que las creó pero no los detalles que contienen. Mis lectores deben introducirse en esta forma de comprender, situarse dentro de esta tradición, hacerse las preguntas correctas y establecer las suposiciones apropiadas. Sólo entonces podrán, estas narraciones, empezar a comunicar la verdad que contienen.

Sólo aquellos a quienes los tradicionalistas consideran equivocadamente como liberales llevan consigo las semillas de renovación y de futuro para las tradiciones religiosas del pasado. Un término algo más apropiado que “liberal” sería el de “abierto” o “realista”. Se trata de nombrar con estos términos a quienes saben que, en definitiva, el corazón no puede rendir culto a lo que la mente no acepta. Ellos saben lo que los fundamentalistas parecen ignorar: que creer al pie de la letra la Escritura es garantía de muerte. Y también saben lo que, por su parte, los secularistas parecen ignorar: que abandonar los símbolos históricos es como abandonar la puerta a través de la cual nuestros antepasados en la fe encontraron el significado del que vivieron. (...) Yo mismo sería el primero en oponerme a eliminar de los credos la frase «fue concebido por el Espíritu Santo y nació de María virgen» porque no creo que ninguno de nosotros puede volver a escribir la historia. (...) Votaría por mantener intactos los credos históricos siempre que, al mismo tiempo, se permitiese y se fomentase abrir los símbolos literalizados al estudio y a la búsqueda de la verdad que indican (16).


  X Cerrar



[1] [Nota de 2012] Esta presentación es, originariamente, de 1999. Se publicó, con el texto de Spong, en el Cuaderno de la Diáspora 10, noviembre 1999, Madrid, AML, p. 81-118. Trece años después, la hemos revisado un poco.- volver

[2] Martínez Roca, Barcelona, 1993. En inglés: Born of a woman.- volver

[3Dejamos para otra ocasión la edición del capítulo sobre la Resurrección [Apareció en el Cuaderno de la Diáspora 18, en noviembre de 2006].- volver

[4] Los dos primeros son de 1973 y de 1983; el resto, de 1988 en adelante.- volver

[5] Sobre la condición de creyente en exilio, ver: Why Christianity must change or dye? (1998), págs. 22-43.- volver

[6] La Colección donde se publicaron los libros de Spong, se titulaba “Enigmas del cristianismo” y se dirigía, más bien, a los críticos militantes, que buscaban platos fuertes y datos llamativos acerca de la mentira irremediable del cristianismo histórico. La Colección incluía una “historia criminal del cristianismo” en varios tomos, escrita por un alemán en un tono airado y demagógico. Savater la recomendaba a veces, provocativamente, como libro de texto para las clases de “alternativa a la religión”.- volver

[7] Este texto está tomado de la «Presentación» a: «J. S. Spong y “El desarrollo de la tradición del Nacimiento”» (Cuaderno de la diáspora 10, Madrid, 1999, págs. 81-94). Escrito hace trece años, algunos datos estarán relacionados con la fecha de su redacción. Para un conocimiento más exhaustivo de Spong, habría que leer e incorporar su extensa autobiografía, no disponible cuando escribí mi artículo (Here I stand, HarperSFrancisco, 2000). Me basé, aparte de los prólogos de Spong a sus libros, en: Ellen Barrett «Retrato de un obispo: John Shelby Spong, I y II», The Voice, Newark, septiembre y octubre 1997.- volver

[8] This Hebrew Lord, Nueva York, 1993, págs. 10-11.- volver

[9] Op. Cit. pág. 13.- volver

[10] Spong explica estos hechos en el prefacio de Why Christianity... (1998), págs. x-xi.- volver

[11] Fruto de su interés por avanzar en una visión hebrea de Jesús, Spong ha propiciado y prologado recientemente la edición en inglés de: Robert Aron, Les années obscures de Jésus, París, Grasset, 1960. Además, uno de sus últimos libros (de 1996) se titula: Liberating the Gospels (reading the Bible with Jewish Eyes) [Liberar los Evangelios, leer la Biblia con ojos judíos].- volver

[12] Ver Op. Cit. pág. xv y Why Christianity..., pág. xviii.- volver

[13] [Nota de 2006] Posteriormente, Spong ha publicado tres libros más: Here I stand. My struggle for a Cristianity of integrity, love & equality, 2000; A new Christianity por a new World, 2002; The Sins of Scripture: Exposing the Bible's Texts of Hate to Reveal the God of Love, 2005.- volver

[14] Hay un libro con varios escritos críticos sobre Spong: Peter C. Moore edit.: Can a bishop be wrong (¿Puede un obispo estar equivocado?), Harrisburg, 1998. Spong comenta este libro en Why Chrisitanity... pág. xvi.- volver

[15] Rescatar la Biblia del fundamentalismo, págs. x y xii.- volver

[16] Jesús, hijo de mujer, págs. 17-18, 25-26, 150, 181-2, 184-5. Ver una opinión semejante, a propósito de los relatos de la Pasión, en Liberating the Gospels, 1997, págs. 235-236.- volver