4 CUESTIONES PARA EL ENCUENTRO con John Shelby SPONG

 

23-10-2012

Domingo Melero

 

1. El primer tema es acerca de las nuevas situaciones y conductas en el terreno de las relaciones personales y de la sexualidad.

La doctrina moral convencional en lo referente a las relaciones personales y a la sexualidad está desfasada y exige de forma genérica, como una ley genérica, ajena a la trayectoria de las personas, comportamientos que no proceden del espíritu del Evangelio sino de la forma de comprender éste en siglos pasados. La consecuencia es que muchos se desentienden de esta doctrina y siguen su propio sentido moral. Esto es lo fundamental: la libre decisión en conciencia. Sin embargo, como “creyentes en exilio” nos interesa un planteamiento moral revisado (donde las personas sean fin y no medio conforme a la captación moral de la realidad en la actualidad) y una práctica ritual revisada, que exprese la seriedad de los compromisos conforme a las nuevas situaciones de las relaciones.

En 1985, J. S. Spong, como obispo de Newark, por decisión de la convención de dicha diócesis, formó un equipo que elaborara un informe sobre las nuevas situaciones y conductas en el terreno de las relaciones personales y de la sexualidad. El estudio debía orientar y fundamentar una actitud inteligente ante las situaciones y conductas reales de la gente. Los prejuicios llevaban a juzgar determinadas situaciones y conductas como moralmente condenables pero ¿lo eran realmente?

Es sabido que las jerarquías de las iglesias (normalmente conservadoras, como cualquier dirección de una sociedad) creen que deben dirigir, según leyes inequívocas, la conducta de la gente. En este caso, tanto en las fronteras de la vida (concepción, gestación, nacimiento y muerte) como en su transcurso (sexualidad y compromiso). Por otra parte, esto es lo que muchos les piden porque quieren vivir con seguridad, sin tener que pensar y que decidir personalmente. Las nuevas situaciones desestabilizan el orden anterior y por eso inquietan. Como consecuencia, la mayoría prefiere ignorar dichas nuevas situaciones o juzgarlas con parámetros antiguos.

No así en la diócesis de Newark. La Asamblea de esta diócesis encargó un estudio a un equipo formado por gente “sabia” y por gente profesional también “sabia” (médicos, psicólogos, trabajadores sociales y sacerdotes). Entre ellos, estaba Christine Spong. A medida que este trabajo avanzaba, esta iniciativa trascendió a los medios y pasó de ser noticia local a ser noticia de ámbito nacional. Entonces, hubo una gran reacción de los fundamentalistas, entre otras cosas por su forma  de interpretar Spong la Biblia. La polémica se radicalizó hasta el punto de que el obispo Spong fue amenazado de muerte varias veces. Al cabo de tres años, en 1988, Spong publicó un librito donde exponía sus ideas. Se titulaba: Living in Sin? Y, como anunciaba al comienzo, trataba no del sexo sino de los prejuicios y del miedo.

Quisiera preguntarles a los dos, al obispo Spong y también a Christine: cuáles fueron las nuevas situaciones que detectaron, qué propuestas prácticas hicieron, qué interpretaciones bíblicas estuvieron en juego y por qué se encresparon las reacciones.

 

2. El segundo tema es la Biblia, su conocimiento e interpretación.

Como escribí en la Convocatoria de este Encuentro: «El valor histórico muy relativo de la Biblia es aún un tema difícil para muchos. Sin embargo, los conocimientos actuales al respecto no hacen tambalear la fe sino las creencias antiguas en torno a las Escrituras, su inspiración y su verdad. Los conocimientos actuales, tal como los expone Spong, descubren el gran valor humano (y por tanto espiritual) de la Biblia y de su redacción. En el Nuevo Testamento, las cartas de Pablo, así como los Evangelios y los Hechos son fruto del influjo de Jesús (de su fe, de su corta vida y de su desenlace) en los discípulos de las primeras generaciones. Comprenderlos e interpretarlos desde esta perspectiva los hace potentes».

El desconocimiento y por tanto la inseguridad vienen de lejos, y en nuestro país especialmente. Durante los cinco últimos siglos, el catolicismo español se ha caracterizado, entre otras cosas, por una gran ignorancia de la Biblia, hasta que el Concilio Vaticano II empezó a entreabrir ventanas. Recordaré brevemente algunos datos que dan perspectiva a esta reunión con Spong.

A finales del siglo XV, en España, igual que en otras partes de la Cristiandad (El nombre de “Europa” empezó a sustituir al de “Cristiandad” a partir de finales del siglo XVII), alentaba, en unas influyentes y crecientes minorías, el deseo de una reforma del cristianismo, que estaba en plena decadencia moral e intelectual. Dentro de esta corriente de reforma, se insertan algunas iniciativas para ir más allá de la Vulgata latina de san Jerónimo (340-420) y traducir las Escrituras a las lenguas romances desde los originales directamente. Uno de las iniciativas previas fue editar el texto original griego del AT y del NT. En esta misma dirección iba la Biblia Políglota de Alcalá de Henares, empresa que financió y protegió el cardenal Cisneros durante diez años (1506-1516).

Sin embargo, las cosas se torcieron en España en la primera mitad del siglo XVI, cuando cuajó el enfrentamiento entre Reforma y Contrarreforma y en nuestro país se reprimió a alumbrados e iluminados, a erasmistas y a todo lo que pareciese propio de conversos, de judaizantes o de protestantes. Fue un enfrentamiento que tuvo razones políticas además de religiosas, como consolidar ideológicamente la unidad del estado. Una consecuencia de este enfrentamiento fue cerrar España para preservarla de ideas e influencias exteriores, además de limpiarla por dentro expulsando a las minorías por vitales que fuesen. La ideología político-religiosa determinó que los judíos, los criptojudíos, los cripto-protestantes, los moriscos,  etcétera, no eran españoles sino enemigos.

Esto, en el terreno de las ideas, comportó prohibir las obras de Erasmo y el “erasmismo” (una forma de cristianismo interior y personal, contrario a las supersticiones y contrario a las órdenes mendicantes). Conocida es la frase de Erasmo: «monachatus non est pietas» (mucho más moderada que la de Lutero: «monachatus est impietas»). La sospecha hacia este cristianismo moral e interior incluía desconfiar de quienes valoraban la “oración mental” (y no la “vocal”) y, además, interpretar el interés por la Biblia (por su traducción, edición y estudio) como un indicio no sólo de “erasmismo” (o de humanismo) sino de judaizar y de protestantizar. Personas instruidas como Maldonado, Grajal, Cantalapiedra, el Brocense, Arias Montano o Fray Luis de León fueron silenciadas, encarceladas y apartadas de sus actividades (igual como se silenció, en el siglo XVII en Francia, a Richard Simon y a Fenelon, y todavía a comienzos del siglo XX, al abate Alfred Loisy y a muchos otros, en el ámbito católico).

Esta privación de libertad intelectual y religiosa, desde el siglo XVI, tuvo consecuencias muy graves. En relación con las Escrituras, nótese que sólo hemos podido disponer de una versión de la Biblia en castellano, hecha a partir de los originales griegos y hebreos (y no de la Vulgata), en 1944, es decir, cuatro siglos después. Todo un contraste pues Lutero tradujo la Biblia, de los originales al alemán, en 1521-1534; y en inglés se tradujo en 1611 (La traducción, por hacerse por iniciativa del rey, se conoce como “la Biblia del rey Jacobo). Sí que hubo entonces una Biblia en buen castellano, La Biblia del Oso, de Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, pero se publicó en Suiza en 1569 y, por ser obra de protestantes, no tuvo apenas incidencia entre nosotros (Sus autores, benedictinos de san Martín del Campo, en Sevilla, fueron perseguidos por protestantizar y tuvieron que huir. Atravesaron España a pie y a escondidas. Su traducción pronto ingresó en el Índice de los Libros prohibidos.). Y no sólo en España sino entre los católicos en general, sólo en 1951 se aceptó que existían “géneros literarios” en el Nuevo y en el Antiguo Testamento, cosa que la filología conocía de bastantes años antes. Por las mismas fechas, aún se definió el último dogma biográfico  (la dormición y asunción al cielo de la madre de Jesús) y sólo tras el Concilio Vaticano II (1962-65), se empezó a generalizar el interés y el estudio de la Biblia, así como a hacerse excelentes traducciones de la misma a la par que se suprimía la misa en latín.

No obstante, tan importante como una traducción fidedigna es la forma de interpretar y de pensar las Escrituras. Todos conocemos lo arraigados y extendidos que están aún, en unas y otras iglesias, el literalismo y el fundamenta­lismo (esto es, la creencia de que el valor de inspirado de un texto equivale a su valor histórico como crónica exacta de los hechos, escrita por testigos oculares; así como la creencia de que algunos versículos aislados de su contexto pueden sustentar, sin más, una compresión cristológica o teológica, siempre la misma). Y todos sabemos, además, la importancia de conocer el contexto hebreo de los escritos del NT para comprender su formación y alcance; contexto distinto del griego y del latino, desde los que luego se comprendieron.

El problema en todo esto es, como dice Spong, el doble discurso de los responsables de las iglesias. Éstos, por su formación universitaria, conocen la complejidad de la formación de las Escrituras y de su significado. Sin embargo, no saben qué hacer con ello ante los creyentes y en los actos rituales (un bautizo, una boda, un funeral, una celebración de Navidad o de la Pascua). Este desfase se debe, probablemente, a que, en su vida personal, tampoco tienen integrados dichos conocimientos.

La actividad del obispo Spong es capital y lamentablemente infrecuente en todo esto. En España, un obispo así es inexistente. Spong, en esto, como en otras cosas, es verdaderamente un obispo o, como dice Légaut, un jefe espiritual. En efecto, Spong dice de sí mismo que es un pastor, no un investigador escriturístico universitario ni un teólogo. Él los estudia y así elabora su “magisterio”, que intenta situar a la altura de los conocimientos actuales, haciendo honor a la inteligencia, sin miedo ni falsa prudencia, y con confianza en la fe y la razón de sus oyentes, tantas veces infravalorados.

Por eso quisiera que nos expusiese brevemente algunas de sus elaboraciones. La que quiera. Pero le diré algunas de las que más me han interesado y creo que os pueden interesar.

1. Primero, me interesó mucho su exposición de la formación de los Evangelios en Liberating the Gospels, formación que dura unos treinta y cinco años: los veinte en que no hubo ningún escrito cristiano, y los quince en los que Pablo escribió sus cartas (no  las que sólo se le atribuyen). En dichas cartas no hay apenas datos de la vida de Jesús. Sólo después, en Marcos, se empiezan a contar hechos y dichos suyos. Esto es hacia el año 70, es decir, después de la muerte de Pedro y de Pablo en los 60, así como de la derrota de Massada y de la destrucción del Templo.

2. También me interesó su forma de entender la experiencia de la resurrección: en Galilea (no en Jerusalén); con Pedro como protagonista principal; como un proceso de meses (no al tercer día); en torno a una comida en común; y gracias a las lecturas de la sinagoga y de l método del midrash, etcétera.

3. Por último, está la cuestión del origen de Jesús, la cuestión de dónde le viene la autoridad, que se plasma en diferentes elementos de los evangelios, incluidos los relatos de su nacimiento e infancia.

Obispo Spong, háblenos de alguno de sus trabajos.


3. El tercer tema es la fe y las creencias

La fe es otra cosa que creer unas creencias. Lo contrario de la fe no es la increencia sino el miedo (“no tengáis miedo, hombres de poca fe”, dicen que dijo Jesús). La fe no es primariamente una actividad intelectual sino la actitud fundamental del hombre ante la vida. Es la capacidad del ser humano de mirar, sin autodefensas y sin desfallecer, tanto su posibilidad de ser como su carencia de ser. Jesús vivió “por la fe” (Así se repite 19 veces en el cap. 11 de la carta a los Hebreos, al recordar la historia de Israel); fe en sí mismo y en los suyos; fe cuya otra cara era su fe en Dios. Si de Dios decimos que es amor, también podemos decir de Dios que es fe.

La fe así entendida no es conocimiento; no es un conocimiento al lado del conocimiento de los sentidos y de la razón, sumando o restando. Fe y razón no son conmensurables; no están en el mismo plano. La fe no es conocimiento sino fermento de conocimiento. La fe impulsa y da valor a nuestra inteligencia, pero también a nuestra memoria y a nuestra voluntad. La fe es fermento de prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Es valor para pensar con honestidad y para afirmar y mantener aquellas expresiones en las que ella misma puede reconocerse, así como para dejar de lado las que no la expresan.

Por la fe, Légaut unió el sentido de su propia existencia al sentido de la existencia de Jesús. Esta unión estaba detrás de algunas pocas afirmaciones suyas como “el hombre es misterio”; “Jesús es de Dios”; “lo esencial no es objeto de enseñanza”; o “en el orden espiritual, no hay jerarquía”, es decir, no hay maestro y discípulo, ni padre o hijo; en el plano espiritual, un maestro no tiene discípulos sino que suscita nuevos maestros y un padre también es hijo de sus hijos.

Esta forma de enfocar la fe, distinta de la creencia, es afín, a mi entender, con el enfoque de Tillich en Courage to be. Tillich, uno de los maestros de Spong. Ahora bien, Spong, como obispo, ha tenido que concretar su “magisterio” y pronunciarse en el terreno de las creencias. De ahí sus ya célebres 12 Tesis. Nos gustaría escuchar a Spong a propósito de las creencias, los dogmas y sus doce tesis.


4. La fe en el contexto de la acción

Jesús no tuvo en consideración todas las diferencias que separaban a las personas en su sociedad, tan marcada por lo religioso unido a lo político. El obispo Spong expone esto muy bien en Jesus for the non-religious (2007). Jesús, en efecto, se saltó todas las barreras levantadas por los judíos para apartar y separar lo puro (es decir, ellos) de lo impuro (es decir, el resto: las mujeres, los pobres, los leprosos, los enfermos, los poseídos, los perseguidos, los samaritanos, los moabitas, los gentiles, los romanos, los recaudadores, los publicanos, las meretrices, etcétera). Él se acercaba a todos. La prueba es la extracción de sus discípulos y allegados. 

Según los Evangelios, Jesús, paulatinamente, fue haciéndose universal como lo era “su” Dios, que no hacía acepción entre judío y gentil, hombre y mujer, libre y esclavo. La fe llevó a Jesús a centrarse en el valor de cada persona, que era como el valor de un dracma, de una oveja entre cien, o de un grano de mostaza o de una semilla. No se vive así, en una sociedad dada, sin el fermento de la fe. La fe, fermento de la valentía. 

Los evangelios (textos de hace veinte siglos) no conducen a una adscripción ideológica concreta pero sí inspiran una actitud como la de las Bienaventu­ranzas. El obispo Spong tiene experiencia en esto y también ha reflexionado sobre ello. Por eso quisiera que nos dijese lo que le parece esencial en este tema.